La diferencia entre un corporativo y un busca es abismal, pero no nos la explican. Ambos responden a una sola palabra: necesidad. Tanto cuando suenan como cuando se llaman, “algo se necesita”; y, por lo general, no suele ser bueno. Por eso llega un momento que la población se sensibiliza, en el primer caso (corporativo), después de varios intentos sucesivos en tiempos indistintos (y según qué número, todo sea dicho, porque a algunos nadie se plantea no descolgar), se inmuniza y no responde.
El busca (o en el caso de los corporativos médicos de guardia, que ya hemos pasado a un nivel superior donde el busca permite la comunicación directa) es distinto, nadie obvia su timbre, porque implica terceras personas, bueno, precisemos, una tercera persona: el paciente. Y no se cuestiona. Pero el corporativo es otra cosa, por lo general, implica necesidades de la institución, de la estructura y, aunque indirectamente estén implicados los pacientes, porque cualquier disfunción en el equipo compromete al usuario (esa palabra la detesto, pero es la realidad, somos usuarios y empresa), es distinto. Debiera existir un compromiso tácito, una galantería de contestar a pesar de no ceder, de no poder, de no querer; no sólo por el esfuerzo de irrumpir en intimidades ajenas, de pedir favores aunque no sean para uno o consultar, sino porque es igual de ingrato que la negación a modo de respuesta. Pero entiendo que a nadie le apetezca descolgar el teléfono un sábado por la mañana para escuchar problemas del Hospital…
En mi caso, el corporativo no implica ningún tipo de satisfacción interna ni sensación de superioridad, sino un vínculo humanitario con los que se dejan la piel en las trincheras. Y por su importancia hay días que quema en el bolsillo…
Somos los alumnos de TAD de medicina y cirugía de urgencias (…). Somos de Puerta de Hierro, pero queremos hacer las prácticas en La Paz (y si es posible, queremos ponernos contigo en las prácticas).
Muchas gracias !”
Y no puedo evitar el nerviosismo propio del directo, la presión de la responsabilidad pesando sobre los hombros, la emoción de transmitir el legado del arte médico en este inmenso privilegio de la docencia…
Son las cuatro y cuarto de la mañana, las consultas han mermado y las caras angustiadas de los MIR comienzan a relajarse, incluso se escapa alguna que otra risa en la consulta 9…
Recuento instantáneo a modo de fotograma: Una discusión cruzada dos consultas más allá, algún paciente enfadado por la demora, otra embarazada sospechosa de gripe A, las salas repletas (sala de griposos, sala 1, 2A, 2B y la tres, con sus treinta y dos camas+seis aislados) y un éxitus inesperado. Cuatro adjuntos y dieciocho residentes de planilla plasmados en la distribución…
La guardia aún no ha concluido, pero si no fuese por ellos, si no fuese por los residentes, no se sostendría…me pregunto cuándo conseguiremos invertir los términos y que los residentes no fuesen las piezas del engranaje, sino el agua tórpida que genera la corriente al forzar la maquinaria. El sistema parece que funciona, no sólo por inercia, pero no es la mejora forma…me pregunto ¿cuántos se lo cuestionan?, y lo que es más importante, ¿entra en esa reflexión el replantearse las cosas, el cambiarlas?
Agotando el último café del día, pasan más de las tres y media cuando me desprendo del uniforme en el sótano, frente a las taquillas que tanto han escuchado, haciendo nuevamente recuento: estreno propio de la nueva sala 1, del filtro desdoblado, de la sala de sillones convertida en sala de gripe, completa la planta 12º con los afectos y preparando la 13º, comisión de docencia y reuniones varias, quejas de residentes, quejas de adjuntos, problemas con las guardias-con las distribuciones-con las planillas…y un interminable etcétera que tropieza con un agujero en el bolsillo, por donde han debido desaparecer los dos bolígrafos de la guardia y la linterna, pero del que ahora emerge ese recuerdo: “…en los bolsillos es mejor guardar agujeros…” y termino de cambiarme, con una sonrisa a medias, pero sonrisa, cierro la T1212 y suspiro, tal vez hoy no podamos cambiar el mundo, pero aún nos quedan los sueños, aún…