Miedo, me dijo que tenía; que la angustia le podía, que le cogiera la mano…y escondió en mi palma sus dedos helados, entrelazando su mano y la mía, clavándome profunda la mirada suplicante, y su último deseo: “Ayúdame…ayúdame, haz algo por mí…tengo mucho miedo”
Le dije que sí…
Y no pude…
(La vida es un instante, uno solo, que ya se nos ha ido…)