Rescato mi columna favorita a deshora, con una café recién hecho y predispuesta al deleite…pero, ¡oh, decepción! Qué lástima que para captar adeptos se malgaste el talento, o para cuadrar números, o para rotular frases con rotundidad llamando la atención dispersa de la ciudadanía…
O, quizás, no es nada de esto y, simplemente, disentimos…
Lo lamento. Lamento que esta vez no comulguen nuestros pensamientos…
Querido Vicent, quisiera hacerle una pequeña apreciación: el gen dominante español no destruye ningún glamour, al contrario, siempre lo potencia; porque aquí la pasión distingue cada uno de nuestros movimientos, por imperceptibles que sean, es como una especie de edén, donde se respira mejor, se vive mejor, se piensa mejor…disfrutar de los placeres mundanos no es imcompatible con el pensamiento privilegiado ni con ser digno de reconocimiento mundial. Las ideologías y los mitos adoptan formas terrenales…¿por qué no hacerlo en la península?, ¿tendría más encanto si fuera en mitad del Pacífico o en el extremo Oriente? El problema, si es que existe, es nuestra siempre imperceptible autoestima, nuestro escaso orgullo y amor patrio. Adorar la tortilla de patatas, el psicoanálisis y las películas de Woody son una de las mejores combinaciones que se me ocurren…
Siento, profundamente, que no estemos de acuerdo