Rqgb´s point of view

ORL

Marzo 26, 2008 · 1 comentario

Queremos creer. ¿Condición innata, como la curiosidad, inherente al ser humano? Queremos creer. Y creemos. En el corporativo parpadea el número del filtro: 47491. Respondo: “¿Otorrino?”, “Te paso un niño de tres años con una espina de pescado”. Y mientras llega el pequeño, o la hoja de urgencias con los datos exactos bajo el código de barras, el número de historia clínica (NHC) y el CIAS, fantaseas con la información y te imaginas al niño con una espina gigante en la mano, como una antorcha olímpica o como la espada del rey Arturo, curiosa economía del lenguaje…

Alejandro apenas entiende la diferencia entre gravedad y levedad, enfermedad y accidente, bueno y malo, pasea su cocodrilo feroz por el borde de la mesa mientras su madre responde a los antecedentes personales. No alergias emdicamentosas, vacunas correctas, ningún ingreso hospitalario, no intervenciones quirúrgicas, no tratamiento habitual y peso aproximado. La conversación afable deja aflorar la ansiedad encubierta por el abuelo. Alejandro responde a las argucias para sujetarle como si de un juego se tratase, la luz para contarle los dientes, el depresor para asustar a los bichitos de la boca, las pinzas para coger la espina como las finas patas de araña…una centésima de segundo y dos lagrimones mejilla abajo concluyen con la espina apresada. Y el pequeño aplaude como si fuera un juego de magia. Y la madre deja escapar la risa nerviosa y suelta un sinfín de halagos y piropos (pulso, tacto, profesionalidad…) a los que, por primera vez, respondo: “Le agradezco sus palabras, pero su pediatra y su médico de familia son tan eficientes como nosotros, están tan preparados como nosotros. Tal vez no dispongan del material adecuado en su lugar de trabajo, o no lo han visto claro; es mejor no actuar si uno no está seguro…se lo digo porque ellos hacen guardias de otorrino, sabe, como yo, están formados. O igual de formados que yo. Porque yo aún soy residente, de tercer año, de familia, no soy otorrino…”

(Voz en off: Un no otorrino, como si lo fuera, le ha extaído el cuerpo extraño a su hijo, me pregunto si se siente igual de agradecida o tal vez defraudada, tal vez. Los especialistas de este área en concreto se esmeraron en enseñarme a desempeñar su bien hacer, ¿qué piensa al respecto?)

Dulcemente les sonrío, acaricio el remolino que corona la testa del crío, quizás sea lo único que queda de mí, la sonrisa…cambié…sí cambié, aunque haya quien siga creyendo que la gente no cambia. Me siento orgullosa de ser lo que soy, no tengo que engañar a nadie ni ocultarlo, porque además es lo mejor que pudo pasarme en la vida: ser Médico, y serlo de familia, ser Médico de Familia. Respeto a mis compañeros, a todos, los admiro, pero soy de quienes piensa que hay un lugar para cada uno. No entiendo el sigma que se empeñan en trazar entre especialidad y MFYC, porque no existe, todos somos especialistas, cada uno en su campo, o en campos solapados; no es intrusismo profesional, es versatilidad, es la esencia del humanismo. Aprendamos, cuanto más mejor, formémonos globalmente, no agotemos esa insaciable necesidad de saber, de conocer, de aprehender, ese afán de superarnos, de crecer…(como personas)

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El favor

Marzo 26, 2008 · No hay comentarios

Es la hora. La taurina por excelencia, la del deporte español (la siesta), la de las debilidades…se enturbia el pensamiento al tiempo que se afanan los jugos gástricos y, aunque uno lo quiera, sucumbe…Sin embargo, dentro del pijama verde, los límites son precisos y,  esté de guardia de la especialidad que esté, no me lo permito, porque cualquier ayuda se agradece, nunca bastantes manos son suficiente…Y pululo por mi semisótano favorito, de un extremo a otro de la urgencia supervisando, haciendo, deshaciendo…”en mi salsa”, como diría mi favorita, porque eso sí, hoy es un gran día: Carmen, Laura, Eva, María José…me faltan, pero es  imposible reunirlos a todos en un mismo turno, o que el azar lo haga por nosotros…

Y en ese deambular alegre por una urgencia incomprendida, me asalta el recuerdo de ayer…rescato lo escrito:

“Por primera vez me siento, yo, en el mítico sillón de cuero negro, tras la mesa de caoba rectangular, amplia y despejada, perfectamente dispuesta, teléfono y portátil a la izquierda; cuartillas, bolígrafos y calendario a la diestra. Detrás, la biblioteca, a juego con el color madera oscura de la mesa, idénticas vetas añejas, con una colección envidiable de libros y revistas que ya quisiera yo soñarla…la camilla, el biombo, los cuadros de cursos y orlas enmarcados, la planta flagrante, los visillos tupidos tamizando la luz de media tarde, el material dispuesto exquisitamente en los tres cajones del escritorio…y el gran interrogante se cierne entre paciente y paciente, (fue un favor. Cubrir la consulta porque nadie podía…), qué hacer, dónde, cuándo…la inminencia del desenlace, a un año vista, pero inminencia…No me veo en ninguna parte y, al mismo tiempo, me encuentro en todas. Repito la misma frase, ajada de tanto pronunciarla: “Que sabba, sabba…”

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