Frente a tus inquisitivas pestañas, de desnudez pura me visto, traje liviano, nada que esconder; que si acaso lo tuviera, leerías en los surcos de la risa el acertijo. Bien me sabes…
Y eso aterra…
Y eso alivia…
¡Qué lastre de días en silencio…! Volvamos a encontrarnos, cambiemos puñado de conciencias por puñado de insomnios, por tres onzas de angustias y un cuarto de agobio, que al cambio la vorágine, devuelve piruletas y camisas a rayas…
Estabas preciosa. Gracias por secuestrame el almuerzo, breve pero intenso. Sólo espero que hasta pronto…mi hada…