Las horas dejan de tener sentido en la urgencia de la madrugada, pero el trabajo no, porque los cuerpos no dejan de respirar, de dolerse, de quejarse…de expresarse. Parece que fuera otra forma de arte. Paseo entre las camas protegida con el pijama verde, haciéndole frente al sueño (infiel compañero) y al cansancio que tira del punto de cordura…
No dejo de pensarte…acuno tu dolor y lo recuerdo. Sé lo que es, lo que significa, sé del vacío, de la herida lacerante, de lo absurdo de la ausencia, del sufrimiento innecesario, del encrudecimiento de la realidad, de los porqués…
Sé que ninguna palabra llena, ningún abrazo basta, nada sirve…pero estoy aquí..
3 respuestas hasta el momento ↓
Juana // Abril 20, 2008 en 5:16 pm
A veces es lo único que se necesita, que alguien esté ahí.
maria // Abril 20, 2008 en 6:25 pm
te equivocas, sí que sirven los abrazos, y reconfortan las palabras, cuando te atreves a compartir el dolor, toda muestra de cariño y de amor, sirve
la maga // Abril 21, 2008 en 2:25 am
No sabes cómo te llevo, cómo me reconforta tu calidez, tus dulces palabras, tu sonrisa, el abrazo que regalas no sólo en brazos, si no en miradas y zumos en brick en mitad de una guardia,los lazos que nos unen. Estás. Existes . Y eso basta.
Gracias (se leen tan pequeñas y son tantas las que tengo que darte..)
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