Mi tutor me escribe. Leo su correo y medio sonrío al “…Te escribo, Raquel, porque parece que contigo se comunica uno más fácilmente por escrito que por vía oral…”, porque es una verdad a medias. La timidez hace que enmudezca en la pirámide jerarquizada de la profesión. Prefiero callar que hablar. Aprender que dar rienda suelta a la verborrea del nerviosismo. Apretar los dedos de los pies y la musculatura del abdomen mientras juego con el anillo de tres aros enroscado en el corazón y asentir…o encogerme de hombros…Es el bloqueo mental frente a los ídolos, frente a los superiores…el saber merece del respeto del silencio.
Y sin duda, he de reconocerlo, es cierto. No es que sea más sencillo, es que para mí es más fácil escribir que respirar…no puedo evitarlo, crecí entre libros, jugué con libros, dormí con libros…y las palabras, las letras, las frases, amantes, amigas, compañeras, son mi tesoro más preciado. E intangible. Porque las cosas realmente importantes, ni se tocan, ni se miden; sólo se sienten.