La soledad tiene ojeras. Pero aún guarda un aliento para la ocasión y elige: la suave elegancia, la discreta, para no hacer ruido, tutú y traje de seda, en zapatos de tacón que no despiertan sospechas. Y, como siempre, va aprisa, pasitos cortos y coquetos, puntillas, para enfocar con esa ínfima altura la perspectiva, pidiendo disculpas al enemigo
…
Mayo 11, 2008 · 2 comentarios
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2 respuestas so far ↓
la maga // Mayo 12, 2008 en 12:17 am
la coqueta, la insistente, la prorrogada, la siempre solícita, amada y temida soledad..
F // Mayo 14, 2008 en 12:52 am
¡Cuánto dicen los puntos suspensivos! Genial. La vida, la nuestra, la
de los que implican en algo a hurtadilllas, sin que nadie se dé
cuenta y sin darle cuenta a nadie, está llena de puntos suspensivos:
de lo que uno esperaba, de lo que uno quería, de lo que uno deseaba,
de lo que uno parecía que sentía, de lo que uno creía, de lo que uno
ansiaba, de lo que estaba claro, … Y no llegó.
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