“Un día, no sé cuándo, ni dónde, ni cómo, ni porqué; pero un día, estoy seguro, tú me leerás el libro que esconde tu alma.” Y con un solo beso se despide la dedicatoria en la tercera página de Aranmanoth. Su firma inconfundible. Y la esencia de su aroma, de repente, como una bofetada, me arranca del ensimismamiento. Esa punzada debe ser un echar de menos…
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