Las guardias se hicieron extensibles a los días de semana y el turno descanso en la noche se redujo a las horas de la novena…
“No te equivocabas ni ún ápice cuando me augurabas trabajo…”-le escribí. Demasiado trabajo…a lo que respondió: “…haz realidad la literatura de tu fe: dar de comer al hambriento”
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