Cruzamos las horas de la noche americana para llegar al día europeo. Maletas a medio deshacer, lejanos vítores de alegría por España (por una vez nos sentimos unidos en algo), bocinas, petardos, Cris llamando a la puerta para compartir y la realidad escribiéndose con mayúsculas sobre mi escritorio…
Rescato algunos escritos que no pudieron subir desde el otro lado del Atlántico y me asomo a la terraza, a ese pequeño espacio del tercer piso que se cierne sobre la calle y recuerdo el cielo de hace dos días, desde el tejado de un piso en chinatown, con miles de lucecitas brillando y perfilando la ciudad de ensueño en todos los puntos cardinales…y el cielo de mi sur, cuajado de estrellas intermitentes, olor a jazmín y silencio absoluto…y un punto intermedio, que es éste, desde donde mi imaginación puede seguir volando…
0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.
Deja un comentario