Veinte segundos para asomarme a la puerta de la Urgencia, coger una bocanada de aire y respiro y constatar que a las manecillas del reloj les corresponde ese “amanece”…pero el asalto de los familiares anula el resquicio de paz en mi propio minuto de silencio: “…usted dijo nada más llegar que estaba muy malito…¿cómo sabía que estaba tan grave al verlo simplemente si le habían dado de alta esa mañana?, ¿cómo no nos insistió la otra doctora para que nos quedásemos si usted nos dijo que tal vez no sobrepasaría la noche?, ¿cómo no nos dejaron estar a su lado y acompañarle?…usted lo sabía, ¿verdad?, ¿verdad que lo sabía?”. Y busco su antebrazo, para apoyarme, que todas las fuerzas flaquean, y el punto de apoyo es fundamental, aunque sea para la defensa: “No, yo no lo sabía, simplemente les transmití mi impresión. En medicina nunca podemos asegurar nada, sólo intentamos anteponernos…a los síntomas, a las consecuencias, a las complicaciones, a la reacción del paciente…(a nosotros mismos) y transmitirles las sensaciones para que ustedes compartan la evolución, aunque no puedan estar a su lado, nos manejamos en la incertidumbre, con probabilidades…podía pasar y podía no pasar. Cada cuerpo reacciona de un modo impredecible…”, pero me interrumpe, fija la mirada penetrante: “usted lo sabía”. Pero por más que baje las pestañas para no confrontar sus ojos, por más que niegue y argumente, cada cual vive su parte, a su modo. Repito “lo siento”, en voz baja, “lo siento mucho” y excusándome con la realidad “tengo que volver”, retomo las huellas de mis pasos y cuento mis camas, cierro los últimos pacientes y relleno el certificado de defunción: su nombre, mi nombre, sus datos, los míos, unidos por una parada cardiorrespiratoria con los “signos habituales”…el rictus, la frialdad, las libideces, la espiga del marcapasos solitario en la tira de ritmo, los pensamientos congelados…
Nihil novum sub sole, la vida sigue siendo lo mismo, un instante, que ya se nos ha ido…
Ojalá, ojalá pudiera no sentirlo…pero me eriza el vello, se estremece la nuca, jugamos tan cerca que, es imposible no hallarla reflejada en las pupilas del que se despide…o del que coquetea entre ambos mundos…o del que araña para aferrarse a éste…En una guardia caben demasiadas cosas…¿o en el postguardia?