Nadie quiere estar entre bambalinas, nadie quiere ser segundón de a bordo, actor de reparto, el de las palomitas…todos quieren ser prima donna y entornar los párpados ante el cañón de luz que les enfoca e interroga, lánguidamente, como si no fuera con ellos…Pero para ello hay que ejercitarse; entonar un “la” bien afinado significa invertir tantas horas que uno ni se imagina, ejecutar impecable la danza y pirueta, un entrenamiento agotador…detrás de todo espejismo con forma de realidad, hay un impresionante despliegue y deroche de energías…
Pero es más sencillo acomodarse en el primer recodo del camino, cruzar de brazos y hacer blanco perfecto de críticas al que se yergue, sin asomarse tras el espejo, porque “no es un placer que dura un instante” como escribía Wilde de su Narciso, lo que todos ven, sino el bronce de la estatua que “sufre toda la vida”…La ecuación es tan simple que sólo ofrece una resultante: La soledad.