Los días de fiesta lo son de modo relativo. Se supone que no se trabaja, pero no he dejado de hacerlo desde que amaneció. Y persistiré en mi empeño al caer la noche, cambiando de escenario, refugiándome en ese semisótano “con vida propia” que tantos sinsabores nos reporta, que tanto nos enriquece, que tanto nos da…y al mismo tiempo celebro Santiago, aunque no Santiago en nombre propio; sino el plural, los celebro a ellos, que años ha, hoy se conocieron, porque si ¿la casualidad?, ¿el destino?, ¿el azar? o lo que fuese que les hiciera encontrarse hoy, yo no sería…
No le ruego al apóstol por la crisis, como hacen otros bajo una deliciosa llovizna estival, porque el pobre apóstol debe estar saturado con tantas peticiones e imposibles extras; le sonrío cómplice y le agradezco que aunara las fuerzas, las constelaciones, los dioses y la fe, o lo que es lo mismo, lo humano, lo divino y lo pagano en una pócima inquebrantable para que ellos no dejaran de mirarse el uno al otro como aquel primer día…y, por ende, nosotros seamos lo que somos…