Caen las luces, una a una, algún coche lejano, algún perro perdido aúlla sin mucho afán, los arrullos del sueño vecino hacen crujir los muelles del techo y el silencio reina, mientras se desperezan los pies descalzos sobre el suelo tibio del tercer piso…
Antes de irse a la cama, relee un corto rodado en un pueblo perdido de la sierra: Patones de Arriba, que sienta a una misma mesa a la mujer maldita y al hombre perfecto, ambiente de velas y música para no olvidar. Con una única consigna, las palabras que no se pueden pronunciar…