Amanece sobre el pantano de Manzanares y aún permanecen las voces en las aceras regresando de las fiestas. Huele a café sin tostadas, pero reconforta, sobre todo el saber que me hago de maletas para marcharme…por eso tal vez no llegó a sonar el despertador, o quizás tampoco conseguí conciliarme con el sueño; lo único que se desperezaba esta mañana era en mi interior la alegría del regreso, que ya empieza a irradiarse, porque vuelvo a casa…a ese punto definido del Sur que se escribe con “K”, cercano al paraíso…
(El punto de partida)
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