“Incierto es, en verdad, lo porvenir. ¿Quién sabe lo que va a pasar? Pero incierto es también lo pretérito. ¿quién sabe lo que ha pasado?”- escribe Machado y Rivas transcribe, en su página nueve, a modo de preámbulo,de “Los libros arden mal”.Y lo es. Incierto. Tanto lo porvenir, como lo pretérito, como que los libros ardan…
Aquí no arden, al contrario, aquí cobran vida propia…Se esconden, se reordenan, se expresan, a veces hirientes, a veces provocativos, a veces nostálgicos. Desde que vine, ando buscando un par de tomos descarrilados; pero todo ha cambiado, ya nada tiene el lugar que tuviera, la biblioteca, por orden alfabético de autor español de un lado, enciclopédico de otro, extranjeros más allá, me recuerda a aquella habitación que tantos años dio cobijo a nuestras largas horas de entrega, cada una presidiendo un extremo de la mesa para no molestarnos, teóricamente, los atriles sobre los que se alzaba el fuerte de apuntes, tras el que protegernos, tras el que ocultar las novelas que me bebía mientras supuestamente estudiaba y una vez confesadas mis vastas cuitas e incursiones al mundo de las letras, mi profesor se empeñaba en que abandonara tal hábito, porque “el cielo puede esperar…habrá tiempo para todo”.
Aún sigo creyendo que se equivocaba, ni lo había, ni hay, aunque también es incierto, ni habrá tiempo para todo…Tendremos que elegir. Porque ahora, ahora somos unos feriantes, unos titiriteros ambulantes que andamos correteando de un lugar a otro, de un campo de batalla a otro más complicado, al tiempo que hacemos malabares y equilibrios, atrayendo la atención, sin dejar de mantener tres pelotas haciendo piruetas en el vacío y otras dos en las manos, quemando por saltar a los aires…