También fue Otero, quien, en un arranque proteccionista y un impulso de confesión, acomodándose en su sillón maltrecho de oficina, me recordó aquella frase que me desvelara hace demasiados años, Diego, el galleguiño, desde su laboratorio en la Universidad de Santiago, : “La paciencia es la madre de la ciencia” Raquel, de todas las ciencias, sin excepción. Y, añadió Ángel, después de repetir la misma frase, con idénticas interjecciones: “La información es poder. Y el silencio, también”. Arqueó las cejas, cobraron un brillo inusitado los ojos y se deshizo en una amplia sonrisa.
El silencio es una especie de arte, más aún en este siglo donde la palabra manida es un bien común, donde se abusa hasta la saciedad y se prueba en más de una ocasión, al paciente interlocutor que aguanta estoicamente las disertaciones ajenas. Es como una especie de entrenamiento, te acostumbras a estar en el otro lado de la línea, la del que escucha, la del que espera diez segundos antes de pronunciarse, la del que conoce el valor de cuanto se dice, para no hacerlo en vano…armándose de paciencia…
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rqgb // Agosto 7, 2008 a 8:51 am |
Acabo de tropezar con una frase de Twain buenísima: “Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido que abrirla y disipar la duda”