La traducción hispanoparlante fue “Atrapado en el tiempo” y todos, sin excepción, hemos pasado por situaciones similares, aunque no llevadas a tal extremo…
Dos cafés después, aunque queda algo en el termo para el de la tarde, salgo voluntariamente de la reclusión laboral y: “El sol abrasa implacable y las chicharras lo entonan a desgana, con la cadencia que ofrece la inercia, lo incuestionable. El rumor de la fuente adormece los sentidos y el boje los embriaga. Los pies hundidos en el primer escalón de la piscina, que no alberca, azul limpio-nítido turquesa, los antebrazos extendidos en ángulo recto con el borde de piedra blanquecino y la realidad difusa de las cuatro dioptrías menos cuarto. Otra hormiga traviesa me retuerce la cintura a pequeños bocados en la espalda, a traición, con inusitada insistencia, con un ímpetu descomunal, como si fuese un animalejo mitológico que figuradamente (es un decir, más bien sería, objetivamente), quisiera darme a entender, gritarme con esos mordiscos: ¡despierta!, como hizo esta mañana, levantándome bien temprano y arrancándome de entre las sábanas revueltas, de la profundidad del sueño redentor que desde hace siglos no conciliaba…¡despierta!, ¡despierta!. Una y otra vez, maldita sea, una y otra vez (…)”-como ocurriera el año pasado.
Lo recuerdo exactamente. También anoche se repitió la misma escena: “Reina el silencio en medio de una sinfonía de grillos, de una noche clara y transparente, profunda y absoluta. Salpicada de tímidas estrellas que parpadean, que nos vigilan desde los confines de otra inmensidad, que nos espían a deshora…a esa misma deshora que el insomnio me atormenta y me hace recordar… Lo mitigo hundiéndome en el agua, prendas de dormir a mitad de camino, despreocupada de todo, porque ese todo duerme junto con todos…el sueño los contiene y yo vago descalza por las habitaciones oscuras, a medio tientas, a medio ciegas, tirada únicamente del tacto y los sextos y séptimos sentidos, de las plantas de los pies firmes en el barro helado de los ladrillos, guiada por el impulso interno del corazón, diapasón preciso de mis latidos…¡ay!, ¡pobre corazón!…¡qué tormento, qué cargazón, qué hastío, qué hartazgo…qué paciencia, qué voluntad, qué entrega! ¡qué ganas de seguir adelante…a pesar de todo! Esta noche sin luna es perfecta…”
Las noches siguen sin luna, salpicadas de estrellas y prendidas de insomnio, los días siguen abrasando y yo perpetúo la costumbre de andarlos descalza…Y sí, también el mensaje se repite; pero no, no voy a colgar la bata…sólo voy a seguir escribiendo, como hasta ahora…a pesar de todo…porque “Lo común es el placer de lo cotidiano, es la exquisita rutina, es el bocado de vida más jugosa y sabrosa…aquí el día a día es (sigue siendo) el paraíso sin manzana”
(Hoy es mi Groundhog Day de película…trece meses después)