Me repito las frases de Hemingway, para no torturar a nadie con mi desaliento estival, me repito hasta la saciedad el “No pienses, viejo (…) sigue tu rumbo y dale al pecho a la cosa cuando venga“, en voz alta, varias veces. El entrenamiento siempre fue agotador en esta “carrera de fondo”, como suele llamarla mi hermano mayor para alentarme. Prosigue Ernest, retumbando en las sienes: “…el hombre no está hecho para la derrota. un hombre puede ser destruido pero no derrotado…“, sin dejar de pensar, porque es imposible detener el discurrir del pensamiento, sobre todo cuando se obsesiona en girar haciendo círculos concéntricos o espirales de tornado ascendentes…”es idiota no abrigar esperanzas“, saltan las frases como flashbacks…
Es idiota, cierto, es idiota no abrigar esperanzas, no ser optimista. Lo peor que puede pasarme es que no me entiendan y eso, curiosa e irónicamente, ya me ha ocurrido en mi propio idioma, así que…”no pienses viejo, no pienses…“