Está a 170.000 años luz, lo que la hace incomprensible a nuestra mente, pero no a nuestros ojos. Y aunque no podamos entenderlo, existe. Existe esa visión explosiva en un lugar tan remotamente lejano que nos cuesta concebirlo, donde los infinitos y los números elevados a potencias dicen poco…un poco más allá de donde queda la fábrica de los sueños, seguro. Quizás Hubble pueda regalarnos una instantánea de esta última (la fábrica de sueños) para celebrar la mayoría de edad…aunque posiblemente, en los dos años que le han augurado tenga mejores cosas que hacer…
Echo de menos esas conversaciones a las seis de la mañana sobre lo divino, lo humano, las galaxias, el hombre (curiosamente indefenso y pequeño animal en mitad de esta galaxia), el café y el sintrom…c’est la vie!
