Saludos y besos de regreso, rozando las ocho. Puntual para suplir las vacaciones de mi tutor, tal como acordamos, concentrándome para no defraudar. Afrontando nuevamente el reto y la realidad del residente de cuarto año. Escaleras abajo, las vueltas pertinentes de llave y el ritual del “vestido”: taquilla entornada, bata impecable, linterna y bolígrafo, imprescindibles en los bolsillos y fonendo, por orden, sin rigor, pero con la devoción de quien conoce el peso de los enseres, con el respeto de quien se sabe partícipe del arte y ejercicio de la profesión. Filomena interrumpe; ochenta y siete años a gala, golpeando enérgicamente la puerta y persiguiéndome, porque me ha visto llegar al centro y “quería saludar a la doctora jovencita y decirle que me alegra mucho que haya vuelo de vacaciones…“
Y sólo cuando el peso del estetoscopio se hace intuir cercando la nuca siento cuánto lo echaba de menos…
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