Apenas he dormido otro par de horas del saliente de guardia cuando el teléfono me devuelve a la realidad, con la noticia devastadora. Busco en la prensa digital, mientras continúa la conversación; por un lado Cris, mi punto de apoyo más estable, y por otro, la actualidad al instante, cruda, hiriente, con cifras y detalles, para concienciarme de la magnitud. Y a pesar de que parece que la situación no se ha desbordado, repito la llamada a Mary, responsable mayor en la urgencia hoy, vínculo entre nuestro mundo ajeno y el mundo hospitalario, para cerciorarme de que no nos necesitan…porque si hiciera falta, estaríamos…
Y, hasta el momento, los seis pacientes que trasladaron, han ingresado a cargo de la unidad de quemados, las salas están prácticamente vacías, todos los pacientes que dejamos ayer están ingresados, hay un despliegue de monitores, pulxis, dobles camillas en la REA…por si acaso…
“Y la guardia está siendo tranquila, no hace falta que vengáis, a menos que queráis tomaros un café con nosotros…”-me repite, igual que a Patri y que a Cris, que llamaron antes, “por si acaso…” Y me gustaría, como en los viejos tiempos, pero el saliente apremia y las horas escasean…pero reconforta saber que aprendimos la misma medicina, la del alma…que no importa el dinero, ni las horas sin dormir, ni los cansancios, siempre, “estamos para lo que haga falta”. Esta es mi gran suerte de compañeras, mi gran suerte de amigas…”buena guardia”-concluyo la conversación. Y vuelvo a la realidad, sembrada de heridas, de cicatrices, de vacíos, de enfermedad…de resignación…
A veces no depende de nosotros…