Las adjuntas me esperan para desayunar y así concluir la jornada. La misma escena que me sorprediera cuando hice mi primera guardia, después de tantos desasosiegos y reprimendas, preguntándome cómo los residentes mayores se llevaban tan bien con los adjuntos, ahora la vivo en primera persona…nos hemos hecho mayores (sin querer)…
Sin embargo, sigo pensando que el SS no tiene sentido sin vosotras…
1 respuesta hasta el momento ↓
De norte a sur » Visita fugaz de merienda // Agosto 21, 2008 a 12:23 pm |
[...] y sonrío. Le digo que ponemos rumbo a esa esfera con vida propia que se torna en doble ese (el semisótano), que vamos a darle un beso. La llamada y un “no sé… visita a las ocho… me da [...]