Rqgb´s point of view

El paciente impaciente

Agosto 21, 2008 · 1 comentario

Hay pacientes…y pacientes. Hay personas…y personas. Hay gente…y gente. Siempre lo pensamos. Porque además de profesionales, somos humanos. Y, como tales, tenemos sensaciones, más o menos censurables, más o menos criticables, más o menos comprensibles. Y sentimientos. Y reacciones. Las jornadas siempre transcurren, independientemente del escenario, con un esfuerzo centrado en el mejor desarrollo de la profesión y un ejercicio de empatía. La mayoría de las veces, esta última es tan espontánea que ni siquiera reparo en ello. Porque te acostumbras…estamos tan sumamente “hechos” a “ponernos en el lugar de”, que no necesitamos pensar en hacerlo, lo hacemos sin más. ¿Hasta que nos confrontan?, ¿hasta que nos agreden directamente?, ¿hasta qué punto…? Curiosamente, nunca lo había pensado hasta hoy.

Él, llamémosle Juan, por nominarlo sin desvelar, entra en la consulta y me levanto para estrechar la mano a través de la mesa de despacho, como haría con cualquier paciente. A lo que responde ofendido que “El feminismo en España es lo que nos pierde…porque con ese gesto quiero mostrarle que soy igual que él, quiero ponerme por encima y la superioridad no se demuestra con gestos, sino con esto”-afirma y sentencia categóricamente señalándose la lustrosa testa, queriéndose referir a la materia gris. Sonrío atónita arqueando las cejas y recuperando mi asiento cómodamente, firmando una tregua de antemano porque de sobra conozco el terreno donde quiere desarrollar la acción: “Sólo le saludaba educadamente”. Y mientras prolonga su disertación de clases sociales, de políticas, de estados, de exilios, de economías, con numerosas agresiones verbales, de la posesión del saber, yo procuro concentrarme en la empatía y en el silencio, abstrayéndome del alarde, en ambos conjuntamente y por separado, sonriendo a destiempos y emitiendo una especie de interjecciones que le hagan saber que mantengo el hilo de la conversación-monólogo. Hasta que culmina en un “…están ustedes frustrados…” y aunque sé que malgasto tiempo y energía, pensando en un futuro próximo de seguimiento, con consultas similares de semejante “individuo”, le contesto aún más educada y sonriente. Un par de palabras no más, como haría mi añorado tutor, para salvar la situación de un desenlace “fatal”…

Pero para marcar una pauta y una relación adecuada médico-paciente, debería recordarle esos mínimos básicos de urbanidad y educación, porque no me siento superior, a mi parecer el mundo está poblado de iguales, ni feminista, únicamente defiendo los derechos del ser humano sin diferencias, que por levantarme a saludar no muestro sino respeto por quien franquea el umbral de mi consulta, que la edad no es condicionante para el saber ni para la cortesía, que puestos a ello, discutimos de literatura si le place y le recomiendo un libro que leí hace siglos, “El arte de la prudencia” de Baltasar Gracián, para que lo asimile tranquilamente, posiblemente tenga grandes verdades sobre las que reflexionar o le enumero los proyectos que tenemos sobre nuestra humilde mesa, el próximo congreso europeo para el que nos estamos preparando a dos semanas vista, el máster a punto de iniciar o el doctorado a medias. Que, querido, siento decirle que, para su ignorancia, la medicina de familia no es una frustración, es una libre elección de aquel que la desea, la valora y la entiende. Y si así lo entiende, no venga, acuda a otros que le inspiren más confianza, no nos vamos a sentir ofendidos (y me tomo la libertad de pensar en plural, como colectivo). Lamento quien opine igual que usted, porque estoy segura de que no es capaz de apreciar el mundo más allá de sus narices…

Tal vez algún día debería responderle…

Categorías: Otro enfoque de la medicina

Delirios

Agosto 21, 2008 · Dejar un comentario

“Es bueno de vez en cuando tener delirios. Vienen con su poquito de locura, de enajenación, pero no importa. En ciertas fases nos hacen perder el tino, quizá porque el tino suele ser tedioso.Los delirios nos sacan del mundo cotidiano, nos arrojan en brazos de la desmemoria, y así, sin la menor prevención disfrutamos del olvido.Por una vez (¡y qué excepción!) saltamos por encima de esa valla llamada horizonte y nos abrazamos con otros delirantes que nos inventan nombres y destinos.Los delirantes pasamos al lado de la muerte y le hacemos un guiño. Nos movemos como si fuéramos eternos, sin tomar precauciones, más o menos sonámbulos, festejando los rayos y los truenos, y mirando a través de la lluvia.Los delirios son premios, vida entre paréntesis, pero cuando el paréntesis se cierra y regresamos a lo cotidiano, a lo de siempre, sentimos entre pecho y espalda una aguda nostalgia del delirio”

Del libro de Benedetti que te regalé, pequeña, para “Vivir adrede”

Categorías: Dreams · Poetry