-”No sé por qué me acuerdo de ti volviendo a ver los Puentes de Madison…”-le sorprendió a esa hora muerta que ni las calles se transitan.
- “Yo tampoco lo sé…”-dijo, “pero gracias por acordarte…”
- “Pues sí que me ayudas”- contestó. “De acuerdo, te ayudo…”, reaccionó a destiempo, porque nadie entiende mejor para interpretar cuánto puede significar una frase que desgarra el silencio de la madrugada, que quien conoce la soledad. “Te recuerda por lo imposible, por las decisiones inamovibles…”, y se disculpa “…siento estar a la defensiva, disfruta de la película.”
-”Y por el calor. El sofocante calor que había. Similar al viento de terral que hace en algunas noches de verano y que hace bailar a las cortinas de las ventanas, provocando historias que sólo conocen aquellos que se ocultan en la habitación. Descansa. Un beso.”