He vuelto. Con el libro de Kaplan recién estrenado en el bolso, futuro compañero de viaje, una carpeta de escasos apuntes y muchas ideas, y una pequeña maleta de viaje repleta: de experiencias, de amigos, de sensaciones. Y un juego de llaves: La salud mental. Ha comenzado el máster…
Y aún sin recapacitar, sin deshacer siquiera el equipaje, corremos a rectificar la cita pendiente del jueves, frente a frente, en “El Olvido”, terreno neutro donde explayarnos y medirnos, donde sabernos al fin. Tres palmos de acera en una tarde primera de otoño, tras el almuerzo, té y café, para no perder las costumbres, con pensamientos en voz alta y deseos sobre la mesa, como en el Millenium Bridge caminando hacia la Tate…
Y un paréntesis de trabajo para volver de nuevo, al Madrid de los Austrias, colgada de su risa, pasos más entre conversaciones, pasos menos, tan próximo y cercano, como siempre, hirientes de sinceridad, de anécdotas, de guiños cómplices, haciéndose la noche sobre la ciudad adoptiva, que nos hace el honor y se corona de pequeñas luces que van marcando el camino hacia el rincón favorito, junto al piano, de la librería de María Pandora…
Y vuelvo de nuevo…al Imperio del Sol de mi habitación, al desorden de mi nombre, a mis ojeras…pero por un instante, entorno párpados y ruego “…que nada cambie, todo está bien así…todo está bien…“
¿Para qué soñar más? Volver es más que suficiente…



Se sueña cuando se puede. Y tú puedes soñar más…¿por qué no hacerlo entonces? No te cortes las alas…
que envidia de master, disfrutalo mucho…