
Con una alegría inusitada, tal vez fruto del fenómeno meteorológico al que tan poco acostumbradas estamos (y tampoco), casi me arranca del trabajo incansable-agotador frente al ordenador para atravesar la ciudad encantada, aún mágica tocada de nieve, en mitad de la noche gélida cerrada.
Apenas transeúntes, enfundados en abrigos, lanas y bufandas.
Apenas nada en mitad de la calle, salvo este frío invernal correteando de una esquina a otra.
Apenas nadie en la consabida fila de los Renoir, palomitas haciendo honor a la tradición, y un par de entradas compartidas para la dulce película de Wong Kar Wai: NYC, el pastel de arándonos, los kilómetros, los amigos, las sensaciones, viajes, personas, historias, ciudades, postales, llaves, cada reflejo que nos devuelve como somos (un poco más)…y recordar que no es tan difícil cruzar la calle.
Gracias nan…


