Durante toda la mañana, en pequeños grupos de entre 2 y 10 residentes de diferentes especialidades y nacionalidades, hacemos un pequeño “tour” por los entresijos del gigante hospitalario: atajos, comedores, urgencias, habitaciones, taquillas, seguridad interna, recursos humanos, docencia, números funcionales, “narcosala”, REA…acompañado de consejos personales, globales, esbozos de un manual de supervivencia para mejorar la calidad y disminuir tensiones…
Y entre las muchas recomendaciones, repito las que adquiriera en mi rotación rural, afirmaciones simples y contundentes, básicas, que muchas veces se olvidan y todas las que he ido atesorando en el durante:
- El paciente no es un enemigo.
- Trata a todo el mundo con el mismo respeto y educación, a todos.
- Habla en el mismo lenguaje que tu interlocutor, en el que pueda entenderte, con sus palabras.
- Olvida el reloj (Nunca se deben tener prisas)
- Preséntate / Sonríe / Da la mano / Tranquiliza / Aconseja / Reflexiona / Estudia / Cuestiónate / No olvidar la prevención / EPS (Educación para la salud) / Uso racional de los recursos sanitarios…
Y ellos me siguen, me escuchan atentos, preguntan a veces…y mientras les cuento, observo sus caras, algunos reflejo de agobios y miedos, otros expectantes, otros ausentes por completo…y me transporto a cuatro años atrás y revivo cada instante: el exceso de información, el desconcierto, la inquietud, la ansiedad de la novedad, los primeros pacientes, el laberinto de pasillos, los compañeros, las guardias…
El tiempo vuelo…el tiempo es un delincuente…
La última consigna: Acostaos con la conciencia tranquila; cuando el día acabe, en horizontal, que nada os atormente porque hicisteis todo lo que estuvo en vuestras manos, os brindasteis al 100%, en lo profesional y en lo personal…