Conversamos, continuamente, con quienes nos circundan; aquellos que adoptamos compañeros de viaje. Aunque ellos no intuyan ni imaginen, porque no siempre son decisiones bilaterales…
Y, sin embargo, no podemos evitarlo. Nos acordamos de un alguien en un momento determinado, sin un explícito porqué, que de súbito emerge en nuestra conciencia como por encanto, asoma a nuestra realidad como un hecho completamente natural, casi rutinario, e incluso le invitamos a esa ocurrencia de la mente a tomar café, a modo coloquial, eso sí, participando en el debate activo de nuestras reflexiones…
Es así, puro realismo: hay “cosas” que compartimos con determinadas personas, y no con otras, sin motivo aparente ni justificación explícita, o tal vez sí, porque nuestro subconsciente sabe elegir acertada y sabiamente con quien comulgar…e incluso, conoce las respuestas…