A ojos bien abiertos, el año que concluye, un ápice de luna y un cielo infinito.
Sin deseos ni pretensiones, bástenos la cargazón que acunemos del día a día, un buen puñado de amigos y sentido del humor.
A este año, aún a la expectativa, sólo le pido tres letras: paz, un poco de paz para todos cuantos nos circundan, una pizca de esa calma que todo lo puede, que nos serena y convence de que “todo está bien así…”
Imagen cortesía de M. Baena, preciosa, como cada año…