Estando de guardia…

Lo sé. Estoy perdida. No te llamo. El trabajo me absorbe (y yo me dejo). No lo crees. Puede. O sí. Pero estás. Estás presente. Te busco. A mi modo. A diario. Y encuentro tu sombra de espaldas bajando las estrechas escaleras. En Roma. La imagen detenida. Vienes. Vas. Pero tu perfil fijo, secretamente, me reconforta. Te sé. A veces. Otras, te intuyo. La certeza: seguimos caminos paralelos. La lucha, el afán, el esfuerzo de superarnos, de ser mejores, de crecer. La rabia. La impotencia. Los silencios…

Y llamas…”Estoy de guardia”, “¡Yo también!”, “Lo sé…leí tu blog…¿dónde estás?”, “sala 2, mujeres”, “anda sube…un café…te espero en la entrada del hall de la general…”

Me excuso a la pequeña, ahora vuelvo. Y del SS al B segundos. Él espera, mascarilla anudada al cuello, huesudo bajo el pijama verde, ojeras y cansancio. Y tras la alegría del reencuentro, las sinceridades, las realidades que brotan como un manantial, en ambas direcciones, sin el menor esfuerzo, que por algo los amigos lo son…

Siento haber estado lejos. Créeme que te echo de menos…

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