El desnudo

Es un recurrente en la vida diaria. Porque en las 24 horas intermitentes de un día cualquiera, pongamos miércoles, hoy, nos despojamos de las vestiduras, si no una, varias veces en ese mismo día. Y si, por cualquier excusa, no lo hacemos, nos atrae la palabra como por encanto…

Horizontal siete letras imán: DESNUDO. Imán, porque también es un cuerpo, del francés, aimant, que ejerce un campo magnético significativo y una tendencia a alinearse con otros (imanes, campos magnéticos, cuerpos…). Así, ese campo-cuerpo-imán desnudo, no sólo despierta nuestra atención, nuestra mente, nuestros sentidos (contrae la pupila para enfocar en dirección correcta, aguza el oído para percibir mejor la sensación-música celestial, dispara el sistema adrenérgico…), también aviva la faz animal creando líneas de fuerza que atraen a ambos polos…

En todos los aspectos vitales…

Fisgamos a hurtadillas, porque al desnudo nadie puede oponerse, es como una fuerza superior. Fíjense en los azules, en las sombras y oquedades de Degás, la luz encubierta de Sorolla, la objetividad de Toulouse, los ángulos de Picasso, Manet, Tiziano, Dürer, Rubens, Goya, Boticelli, Velázquez, El Bosco, Dalí, Botero…cualquiera que recuerden ha venerado la verdad del cuerpo humano, la ha contemplado, la ha acariciado, la ha hecho suya, la ha recordado, la ha evocado, la ha devuelto y la ha extrañado…Y nosotros nos quedamos absortos contemplando cómo los genios lo plasman, con qué elegancia respetan las formas, las adulan…

Pero sin ceñirnos al sentido estrictamente puro y literal, adoptando el figurado, en las últimas acepciones que nos brinda la RAE, nos desnudamos sin despojarnos de las prendas, cuando menos lo esperamos, nos sorprenden nuestras palmas boca arriba, mostrando los surcos-sin-sentido de las manos, en un acto de quiromancia sin fe, porque nadie va a adivinarnos, confesamos nosotros sin dar margen: las heridas profundas, los miedos latentes…desnudándonos, sin pudor, resignados de hallarnos descubiertos, frente a quien menos deberíamos, porque quizás sea ese-quien-menos, el que esté, realmente, más cerca de nosotros para sujetar el espejo que nos devuelve la percepción del sentido real y esfuma la anosognosia…

(Gracias por estar ahí)

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