Duda razonable

No sé por qué se lo conté. Quizás en un impulso ciego de confianza, quizás con una vana esperanza de superarlo por fin, de aligerar la carga que hace de lastre en la conciencia, quizás obedeciendo al instinto, porque no depositamos la cargazón del alma en todos los amigos…sólo unos pocos llegan a nuestra esencia…

Y cuando concluí, encontré sus ojos fijamente cuestionándome, una vez más. “Y…después de todo eso, ¿crees que merece la pena?”. Y, una vez más, sin pudor, mantuve su mirada y desnudé las palabras: “Aún no lo sé…”

Ojalá…ojalá supiera si merece la pena…

(Sólo así podemos pasar página)

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