Riego

El día del riego amanece temprano, las chapulinas han pasado la noche en remojo para que la madera haga cuerpo y no falle, y las chicharras despiertan antes de lo habitual para hacer compañía. Él viene, casi sin molestar y comienza el rito de cada año. Cuando nosotras bajamos ya ha regado bancal y medio, ha repasado los almorrones que aguardan y siente en las manos la desazón de la falta de costumbre a cada vuelta de toma. Y ni se pronuncia, porque siente el peso de los años de historia sobre los hombros, el sol goteando por la frente como los ancestros, la fuerza de la tierra que se deja hacer, en ese ritual de riego por inmersión, herencia árabe que aún perdura pero que, como tantas otras cosas, está sentenciado a desaparecer porque la comunidad de regantes aprobó el riego por goteo…

El implacable curso de la evolución también ha llegado hasta este reducto de paraíso…

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