Recta final

El despertador suena a las 4:40, con un absurdo y monótono timbre. El cuerpo vuelve a protestar por el decúbito insuficiente y se incorpora, para no dejar margen al pensamiento. Repaso mentalmente las camas mientras recorro camino inverso el pasillo de la novena diagonal: un tráfico, sepsis por upp, la paciente del Parkinson y la ICC. ¡Ah! y la ideación autolítica, porque antes de subir “limpiamos” la sala (entiéndase ingresar a cargo del servicio correspondiente o pasar todos los pacientes a la sala 3, box de observación previo ingreso, en el caso de que no haya camas). Y luego enumero sus nombres, aunque cuando baje habrá otros nuevos…

La ciudad dormida parece una orilla de playa, punteada de tímidas luces en las ventanas del pasillo con perspectiva, que desaparece cuando los ascensores amarillos me aceptan y pulso suavemente el botón SS y me desperezo bajo el pijama verde favorito, ya queda menos…

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