La invitación imaginaria

“Estaba en el supermercado y quise imaginar que estaba contigo, entonces te llamaba. Te llamé, para saber qué querías para cenar.Un beso”

Sólo eso. Imaginar la grata compañía a tantos kilómetros de distancia. Hacer de esa ocurrencia un gesto. Un juego para distraernos y desprendernos de la tirsteza. Un guiño…

Siento no haber respondido al teléfono, la guardia tiene esos pequeños imponderables, aunque no estemos a veces para nadie, hoy había excusa; pero gracias, por acordarte de mí, por invitarme a cenar, aunque sea en tu imaginación y por ofrecerme la libertad de elegir menú. Para otra vez, lo dejo a tu elección, que adoro el factor sorpresa.

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