El hammán (Çemberlitas)

Despedimos el último día con un ritual digno de los antecesores. Con el pudor de quien ofrece por primera vez sus abluciones, entramos las cuatro en el hararet cubiertas hasta las rodillas con el pestemal. Sentadas sobre el göbektasi, las risas nerviosas se apoderan de la incongruencia de esa incomodidad absurda, de sentirse cubiertas ante la desnudez reinante, como si de un acto in fraganti confeso se tratase. Y, ante la evidencia, nos descubrimos y compartimos esa ironía de la contradicción: “sentir ridículo el vestido en su ausencia”.

Y nos dejamos hacer, frente a la kurna nos enjabonan con el kese y con un par de palmaditas nos dan la consigna para cambiar de postura y continuar con el rito, compartiendo esa feminidad protectora entre cuerpos generosos en redondeces, curtidas por la existencia de la vida, con ojos profundos de tanto observar y apreciar formas, pudores y desnudeces, con manos pulidas de tan gastadas, de tanto acariciar y frotar…perpetuando la tradición de purificar, en una rutina concéntrica entre mármoles, bajo la cúpula perforada de estrellas…

Para culminar la noche: té de rosas, narguile de manzana y una exhibición de backgammon.

Volveré…

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Amigos, Comentarios de la realidad, Viajes. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s