La noche de los infartos…

La REA resuena en toda la urgencia, por enésima vez, como el quejido ensordecedor de un buque a punto de zarpar. Y corro, de nuevo, desde la Sala 2 por los pasillos angostos, hasta alcanzar a los celadores que trasladan al paciente a ese espacio reservado tan frecuentado esta madrugada. Él responde, intrigado, a las preguntas simples y cuenta la historia mientras se cambia, dejando con parsimonia casi religiosa sus pertenencias en la bolsa naranja, se acomoda en la camilla rígida, dejándose hacer bajo una maraña de cables, vías y oxígeno: Edad. Hábitos tóxicos. Antecedentes cardíacos familiares. Alergias. Patologías previas. Intervenciones quirúrgicas. Ingresos hospitalarios. Tratamiento concomitante. Motivo de consulta y enfermedad actual al unísono: tipo de dolor, inicio y duración, irradiación, cortejo…y “50 en 250 de soli a ir pasando 5 de entrada, igual que antes“, les ruego a mis enfermeras, además del resto de medicación…

(El corazón lo es todo, sin él no somos, en sentido físico y figurado)

Y vuelvo a pensarte…como en cada angina, como en cada infarto, como en cada angor…como si una parte más estuviera en juego, como si la escena se repitiese, tan nítida como entonces, como si en cada opresión centrotorácica que se alivia, también cede un poco la mía propia, la tuya (tan callada) de aquellos días…

Inspiro. Bien profundo. Una y otra vez. Sin que nadie lo perciba. ¡Qué alivio…!, pienso y siento, ¡qué bueno saberte vivo! Por cierto, felicidades…hoy cumples (cumplimos) dos años…

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2 respuestas a La noche de los infartos…

  1. P dijo:

    El número quince mil apareció en tu blog, pero no fue lo que busqué, tampoco lo que me encontré. ¡Qué maravilloso saberse querido y mimado! A menudo pienso, y se lo digo a mis compañeros (esta misma mañana en que invité a desayunar al departamento por mi cumpleaños), que si no hubiera sido por tu ojo clínico no estaría ya aquí, sin lugar a dudas. Gracias por tus desvelos y por tu entrega en todo y a todos. Gracias por recordarme. ¡Qué mal lo pasaste mientras los demás teníamos un velo que nos impedía ver lo que realmente había! Gracias por estar ahí, al lado del enfermo inconsciente de su gravedad, sabedora de sus posibilidades. Gracias hoy más que nunca, porque a medida que pasan los días encuentro más valor a tu comportamiento y saber estar, a tu silencio y a tu entrega. Y hoy lo recuerdo, te recuerdo con tu peto de plomo allí, escuchando al cardiólogo, con los nervios corroídos por su tranquilidad, por ver mi ausencia de la realidad grave y darme un apoyo infinito, por relajarme y explicarme lo que se veía en pantalla, por haber vivido conmigo aquellos momentos y haberlo dejado todo para que yo no estuviera solo. Todo un lujo. Y gracias por tu felicitación, me ha llegado al alma. Muchos besos.

  2. Pingback: Otra de IAMs « Rqgb´s point of view

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