Los penúltimos olvidos

Autómata recojo pertenencias y me cambio en la taquilla del vestuario 5, aún medio en trance por las escasas horas de decúbito, por las intensas del “submundo” y camino despacio, casi meditando cada paso hasta la planta baja, siguiendo la línea verde que le aconsejo a cualquiera que pregunte para encontrar la salida. Tropezando con conocidos y amigos a cada baldosa, repitiendo “…bien…saliente…“, sin demasiada convicción, sin demasiada energía, frases cortas y sonrientes, que apenas importan, porque “el saliente” todo lo justifica. Y me sorprendo a la luz tibia del día: Lunes. Mediodía. Y la tentación de “hacer antes de irme…” que inmediatamente anulo, es suficiente por hoy…por ahora…

Pero mientras regreso caminando por el Parque Norte, cedo, y me prometo, susurrando y disculpándome, a un mismo tiempo, sólo una cosa más, antes de rendirme (si pudiera ser) al encanto onírico…

Responderte a la insistente pregunta ante los ascensores mudos de la general. Testigos de nuestro encuentro, mentor-pupila, y confesiones fugaces: Jefe de sección, Congreso Europeo, trabajos, soledades…Cumplir con mi palabra y escribirte, diciéndote que no, una vez más, que no he dejado de hacerlo. E invitarte, si te place, a mi pequeño mundo… Bienvenido…

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