La (mi) habitación, las fechas, los libros…

La habitación no es la que era. O sí. Tal vez, pero distinta. Olor a pintura y orden, de terceros. Algunos tomos, sin embargo, permanecen en “su sitio”. Busco frases, párrafos que de memoria subrayé y coloqué para saber volver a ellos. Y sonrío a esa ironía de poseer más volúmenes de literatura y arte que de medicina, cuando por fin encuentro lo que me estaba desvelando…

Sigue siendo mi habitación. Y no. Es la que era, en parte; no por la redistribución de “mis pertenencias”, sino porque tampoco yo soy la que era ni lo que era. Como diría Jesús Aguado: “Una cierta afición por la distancia / me define. Alejo todo / -o se aleja, no sé- para verlo en conjunto (…)“, por cierto, ese descubrimiento te lo debo, ahora que caigo, podría aprovechar para agradecértelo y, al mismo tiempo, felicitarte, porque hoy es tu cumpleaños. Otro pequeño defecto heredado: Las fechas…

Pero al final, respiramos, y permanecemos. Callados. Por temor, por comodidad, por no irrumpir ni interrumpir…o porque no sabemos si merece la pena…aunque, ya lo dijimos; de pensamiento.

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