Marcelino

Lo comentaron de pasada en la consulta, unos vecinos; “¿sabe usted que murió Marcelino el fin de semana…?” y ante la perplejidad y el asombro (por una parte, porque aunque sepamos que es ley de vida, siempre nos sorprende la inesperada visita), se sucedieron los detalles: “…el sábado, después de tres días ingresado…su nieta estuvo todo el tiempo con él…tenía dos hijos…” y a posteriori, como suele sudecer, s desvela en homenaje póstumo la entrañable figura…

Pero no fue así. Marcelino había empezado a morir cuando falleció su esposa, hace poco menos de un año. Lo repetía sin cesar, que ya nada tenía sentido. Los días tornaron mustios y rutinarios, el gris se acomodó en todas las esquinas, la música se dejó impresionar por el silencio y el frío era el único sentimiento que albergaba esperanza en su profunda tristeza. Y…es cierto…elegimos. Elegimos siempre, aunque nos pese, aunque nos cueste creerlo. Elegimos hasta la forma de marcharnos…

¡Cómo lo siento Marcelino!

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