Las casualidades del semisótano…

Carrere decía “el mundo es un hospital de incurables”, pero aún le faltaba precisar más. En realidad, el mundo es un pequeño hospital de incurables, donde acabamos coincidiendo todos…

Mientras completo el informe de un paciente que acaba de llegar, con un típico vientre en tabla de libro, solicitando las radigrafías incluyendo bipedestación o decúbito para apreciar un posible neumoperitoneo, escucho el murmullo de una conversación próxima, en la que otro paciente le insta a la enfermera, de forma graciosa pero exigente, como suelen hacer los de “Despeñaperros para abajo” (algunos, no todos, es cierto, pero la maoría) que no le haga daño con la gasometría, porque cuenta en su haber con no sé cuántos ingresos .Sonrío, a lo que el mismo denomina “perro viejo”. Pero en ese ánimo, alentado por la charla amena  de la jovencísima ATS, prosigue enumerando experiencias, por ejemplo, la última incursión a urgencias, en Málaga, donde no pudieron extraerle sangre, “…porque allí donde estuve no conocían La Paz, fíjese señorita…”-le decía. Y no porque tocara la fibra sensible, (pero también), sino porque era el siguiente que tenía que historiar, entré en la conversación a los pies de la cama: “¿De dónde dice usted que viene que no conocen La Paz?, ¿de Málaga? No puede ser…” José abre los ojos como platos, de par en par, azul cenizo, como los mares de invierno y temporal, y  deja entrever la dentadura perfecta, riendo al acento andaluz que tanto hermana, celebrando el gesto y la postura medio en jarras de la doctora. “¡Qué arte!“-responde. “¿De dónde es usted, de Málaga-Málaga?“, curiosea. “No, de Alhaurín el Grande“, respondo, sin tener que añadir, por una vez y si que sirva de precendente, que no es el de la cárcel sino el otro, el pueblo donde vivió Gerald Brenan lo últimos años de su vida, donde reside Antonio Gala, aunque también sea conocido por otros delitos de índole diversa, muy a mi pesar…”Yo soy de Arriate“, prosigue. “¿¡No!?”, no salgo de mi asombro, Carrere. “De Ronda“, me explica, como si la ubicación de la Serranía no fuese uno de mis fuertes, a modo aclaratorio. “Mi padre es de Arriate“, añado, aclarando la situación, aunque lleve casi más años en ese vergel fecundo que en ningún otro sitio. “No, si al final seremos familia…ya verá…” e ipso facto me fijo en la pegatina que codifica los datos del paciente y el apellido Camacho se destaca. Entonces me explica…”El Molino de Manolo Conde, el maestro jabonero Pepe…la modista María Camacho…” y buscamos el hilo común que no nos lleva a ninguna parte, pero que ameniza las horas muertas en el semisótano…Rebusco entre los recuerdos y le cuento cuando pusimos la moneda en las vías del tren, para que éste las pisara, los nombres sueltos de “la huerta de la encina…de Panabarro…las colmenas moriscas y la miel…el Guadalcobacín, la Cimada, el Puente de Ronda…la calima…” y él me cuenta.

Cuando me despido para seguir atendiendo al resto de pacientes, pienso en por qué no sigues escribiendo relatos, mientras él abre el tomo grueso de “Los pilares de la tierra” y agota la noche en vela, haciéndome compañía.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Ciudades, Comentarios de la realidad, Guardias, Otro enfoque de la medicina. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s