El sobre, los números, la suerte…

Tiene mi edad, el pelo corto y unas gafas de pasta que todo lo pueden y resisten. Me busca bien temprano, acompañada de su madre, que siempre me observa con esa tierna mirada de aprobación y resignación, indescriptible. Se acerca con un sobre entre las manos pegado a la mirada y al tropezarme, casi, lo extiende. En el dorso se lee claramente con letra de caligrafía añeja: “Doctora”. Ella espera impaciente. Lo abro cuidadosamente para no herir el contenido y aparecen dos paticipaciones de fundaciones encargadas de la rehabilitación e integración de las personas con discapacidad intelectual y minusválidos. Le sonrío y la abrazo con dos besos, porque tal vez no sea ético ni profesional, tal vez vulnere la relación médico-paciente, pero es lo que dicta mi alma…
(Son números preciosos, pero no espero que toquen. Si así fuese, ni siquiera los recogería. Hace tiempo que recibí el premio gordo con quienes me rodean…)

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