Dreams (XXIII)

Salida 15:35. Llegada 18:10. Reviso billete y giro para despedirla, agitando la mano y sonriendo. Vagón 8, asiento 3C, con vistas al pasillo. Una muchedumbre de maletas y prisas me arrastra, junto con las resacas de un vasto grupo que regresa del evento futbolístico del fin de semana. 

Deshago los kilómetros sigilosos entretejiendo pensamientos, despegando suavemente las pestañas en el letargo de una tarde de domingo y anotando cuidadosamente los imprescindibles de la semana. 

En la estación, otros brazos me cobijan, arropando con mimo lo que queda de mí tras la batalla, despojos de urbe, a esa playa solitaria que tanto significa, “Los Álamos”, símbolo de los renacimientos…donde las bolas de fuego se agotan en el horizonte y la arena todo lo oculta…

Reescribí el poema, al volante, de regreso, al punto de partida:

“Desde que existe el miedo, el ser humano no madura.
Desde que existe el miedo, los relojes se paran.
Desde que existe el miedo, se mueren las palabras.
Desde que existe el miedo, nuestro deseo nos salva…”

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