Hábitos

Desesperante. No poder hacer ni ejercer esa acción cuando se desea, con vehemencia, por encima de todas las cosas, más que ninguna otra cosa…es desesperante.

Intento dormir, que no ya conciliar el sueño, pero parece que se me resiste el verbo. O el cuerpo está tan sumamente acostumbrado a un ritmo que, infringirlo, tan bruscamente, es inviable.

¿Tal vez deba hacer una pauta descendente de celeridad y ascendente de descanso…?

Me refugio, como siempre, en los hábitos que se preconizan, cayendo en brazos de algunos de mis asiduos de cabecera de alcoba: “…La tarde estaba muy avanzada: la luz como una gasa sobre los ladrillos y las hojas, las sombras alargándose. Una vez más, Stillman se retiró al Riverside Park, esta vez a un extremo, deteniéndose a descansar en una roca llena de protuberancias a la altura de la calla Ochenta y cuatro conocida como Mount Tom. En ese mismo lugar, en los veranos de 1843 y 1844, Edgar Allan Poe había pasado muchas y largas horas mirando al Hudson. Quinn lo sabía porque se había encargado de saber esas cosas…

Dejo caer el tomo en el suelo y me refugio en las sábanas, media vuelta, soñando con aquella tormenta despiadada de verano en Central Park y nuestras risas caminando libres por la Gran Manzana…

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