Cortos (I)

Después de una conversación afable, abandonó los circunloquios para atraverse a preguntar “¿Cómo estás?“.

-“Hace frío…”– le respondió, como si hablasen otro idioma.

“¿Dónde estás ahora?“- intentó mantener el hilo de un diálogo que ya sabía, por anticipado de otras veces, incoherente.

– “Va a nevar“- prosiguió ella.

– “Cuídate Helena“- concluyó despidiéndose, con alguna que otra palabra cálida, sin ánimo de perseguirla con frases laberínticas, ni de continuar el juego y apretó los labios en una mueca; ya estaba demasiado cansado…

Aquella noche soñó con un lugar remoto que no consiguió recordar a la mañana siguiente, ella yacía intocable, brazos en cruz, sonriendo; los copos se derretían sobre su cuerpo hasta hacerla desaparecer por completo…

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