Explicaciones

Es un castigo divino“-se burlaba de mí a través de los indescifrables kilómetros de distancia, “para que pares ese ritmo frenético que llevas, para que descanses un poco, para que pienses en ti…¡aprovéchalo!

Y, directamente, hago voto de silencio, porque no entiendo la enfermedad ni la baja como unas vacaciones, al contrario, me desespera…quisiera estar en la trinchera, agotar y exprimir mis últimos días de la residencia, de ese periodo único que no volverá a repetirse, a pesar de todo…pero no intento explicarlo siquiera, me reservo para mí la enésima vez y respondo que sí, que intento cuidarme, descansar…y lo que todo el mundo quiere escuchar, aunque no sea cierto…

No es un “castigo divino“, es probabilidad, pura matemática: ¿una exposición continua produce un riesgo exponencial?; no tendría por qué, aún más sabiéndome obsesa del lavade las manos después de cada paciente, consciente del vehículo-vector que personificamos, pero las manías instintivas y repetitivas no siempre podemos controlarlas…paso porque tenía que pasar, ni fatalista, ni estoicista; eso sí, he puesto a prueba mi paciencia y mi humildad…

(Nunca está de más hacer una auditoría interna)

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