Otro fragmento del libro de…(II)

PL (Punción Lumbar):

Apenas alcanza los 22 años, pero en la camilla postrado, gesto de dolor contraído y diaforesis profunda, quiere aparentar seis o siete menos, agarrando fuerte la mano de su madre, desalentada y quebrada por su retoño, al que no puede velar, proteger, salvar de lo que fuere, por lo que daría su vida si fuese preciso.

El informe garabateado y enmarcado en amarillo y azul es casi ilegible, pero en algún punto figura un “signos meníngeos positivos” que el residente del filtro comprueba raudo al tiempo que las constantes y reflejos pupilares, con una destreza sorprendente. La sospecha bien fundada, completa casi el circuito, de la Sala 2B a la REA, para realizar la PL.

Y esa primera imagen del triaje, que no me pertenecía, fotografiada de paso entre mi Sala 1 y las consultas a mi cargo, acaba en mis manos, a golpe del diapasón de este semisótano con vida propia, ese sonido inconfundible que todo lo paraliza…

Antes de acercarme siquiera e iniciar el ritual, recuerdo las palabras de J.B. “Permitimos que el médico acceda a nuestros cuerpos, algo que sólo concedemos voluntariamente a nuestros amantes, y muchos incluso no sin cierto temor. Sin embargo, el médico es prácticamente un desconocido…” al que brindamos intimidad, secretos, miedos, vicios…lo que indague en una breve anamnesis que precede a la exploración, anodina en este caso la primera premisa y clara, la segunda: 39,5ºC, rigidez de nuca, Kerning y Brudzinski evidentes, fotofobia, cefalea…

Le explico, él apenas asiente, gime sonidos guturales sin mucha convicción, resignado: Qué le ocurre, qué sospechamos, qué pocedimientos tenemos que realizar, qué sentirá…con libertad de que nos interrumpa, de que nos cuente, de que pregunte en el durante. Desinfectado y preparado el campo estéril, busco las referencias anatómicas que me brinden el espacio intervertebral, en esa línea imaginaria que se extiende en el horizonte que une ambas crestas ilíacas, trazo una marca, con el pulgar enfundado en guante estéril, bajo la apófisis espinosa, y procedo.

El bisel se desliza sobre la marca, atraviesa piel y fascia con una ligereza sorprendente, obsesionado en el ombligo, los ligamentos preámbulos del espacio epidural, forzando la resistencia del cuerpo, su inercia connatural, hasta hallar ese cierto alivio cuando los atraviesa, al tercer intento, y culminar en el espacio subaracnoideo, extrayendo el líquido virgen cefalorraquídeo. Sin poder evitar a cada segundo, pensar en mi hermano, en cada contractura del cuerpo que se ofrece, cada quejido, en cada traducción de dolor en los milímetros de piel dorsolumbar desvalida…

Pronuncio su nombre, en voz baja, palabras de calma; “…apenas queda nada, aguanta un poco, lo estás haciendo muy bien…“, presión de 29, líquido turbio…con toda la celeridad y serenidad posibles, todo el proceso hasta que finalizamos, cubriendo con un apósito inmaculado el punto de profanación de ese cuerpo febril.

Me incorporo al tiempo que él recupera la horizontalidad, una gota de sudor recorre mi espina dorsal, ahora que su frente no transpira y los antitérmicos parecen haber empezado a hacer su efecto, y un escalofrío…

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Una respuesta a Otro fragmento del libro de…(II)

  1. la maga dijo:

    te quiero.leerte es un regalo. estoy aquí-al-lado. siempre

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