Adaptarse o ser, esa es la cuestión…

Desde mi ventana...La luz reflejada se cuela a raudales por las rendijas de “mi despacho”, y al pronunciarlo, me estremece pensar que aún me resulta verdaderamente extraño tener habitáculo propio, incluso con nombre rotulado, en este gigante hospitalario; porque aún es demasiado pronto para ostentarlo, aún me siento pequeña en este camino del aprendizaje…

Es mediodía. La vigilia prolongada distorsiona la realidad, aunque la mayoría de las veces tengo la sensación de que la clarifica de una manera extraordinaria, exaltando su esencia. De la guardia de ayer de 24 horas, apenas he dormido 2 interrumpidas, “lo cual no es nada fisiológico”-me decía un adjunto-amigo-compañero esta mañana.

Repaso la jornada: después de un día agotador, combinando la Sala 2B, al mando de uno de esos residentes brillantes que esconde este Hospital, gran suerte la mía, R5 de interna, un encantador residente pequeño de oncología médica y otro, compartido con la Sala 2A, de medicina del trabajo que hace honor al apellido de su especialidad; la supervisión de mi otra pequeña, de nefrología, dulce Ana, gestionando con destreza la consulta; y las REAs a medias entre los cuatro adjuntos, la guardia se parte a la una de la madrugada. En el sorteo de turnos, hago recuento, inevitable por la parte que me corresponde de docencia: la Odds Ratio sigue siendo 3:1 (tres residentes de primer año por cada adjunto),”Inviable”-me repito y resoplo, porque parece que todos mis esfuerzos son en vano, recordando esas frases del RD que ya se me han grabado a fuego en la memoria:

“La supervisión de residentes de primer año será de presencia física (…)”

…porque hasta ahora carecemos del don de la ubicuidad, que yo sepa, y no podemos estar físicamente a la vez con tres personas que están en ámbitos diferentes…

Reparto concluido. Mi turno: el segundo, de 2:45 a 4:30 de la madrugada, quiso la suerte. Pero adopté la horizontal prácticamente a las dos…y, fiel a mis principios, que no todos comparten, puse la alarma y me levanté en el correspondiente para estar. Sin premeditación ni alevosía, unas preguntas sucedieron a otras, unos incidentes a otros, unos pequeños asustados a otros angustiados a otros cansados…y a cada paso asaltaba una duda, una gestión, un certificado, un paciente que valorar, un “algo” que prolongó, ¿inevitablemente?, mi turno al siguiente y a parte del último. Cuando parecía que la calma volvía a instaurarse en los pasillos que tanto hemos recorrido, desanduve hasta mi habitación, a adoptar de nuevo el codiciado horizontal, sin querer afrontar las manecillas, colocando el despertador nuevamente en las ocho menos algo para hacer el pase.

Números rojos

Al despertar, la compañera de turno contiguo murmura un “bueno, gracias” y una de mis residentes favoritas, de cuarto año de medicina familiar y comunitaria, en la sinceridad hiriente de la confianza, suelta un “la culpa es tuya” cuando alguien pregunta si la noche ha sido muy mala, si no he dormido, bloqueando cualquier comentario que pudiera ocurrírseme, reprimiéndome por la actitud supongo, furiosa tal vez de que no fuese tónica general…pero esta vez no hubo pugna, recogí directamente pertenencias, sonreí de soslayo sin excesiva gana y me refugié en mis coerres, benditos coerres, que esperaban para compartir ese desayuno del saliente, ahora sí, acabada la guardia, sin galones, puertas afuera, aún vestida de verde favorito, como siempre…

Y en ese subrealismo del saliente de guardia, el mismo adjunto-amigo-compañero me sugiere que “me adapte”, en un derroche de protección, se entiende, “para que no tropiece”. Con serenidad, agotadas las reservas de energía por completo y con una pasmosa seguridad, no sé si secundaria a lo primero, le respondo que no quiero adaptarme, así tropiece cien veces, mil, un millón, porque es el único camino para madurar; quiero tropezar si adaptarse significa ser como los demás, seguir el rol, pasar…no esperaré a que me llamen si necesitan algo los residentes, estaré ahí, porque ese es mi deber, mi obligación, no sólo porque me paguen por ello, sino porque mis principios así lo dictan, porque no concibo otra forma de medicina, porque es lo mínimo que merecen los pacientes y los “mires”, no calcularé si me toca ni miraré el reloj cuando me pregunten, sino que me sentaré a su lado y les enseñaré el arte de ser médicos, tal vez no mucha medicina ni demasiada ciencia (que está en todos los libros, en todos los manuales, en internet…), posiblemente algo que no se enseña en la Facultad: humanidad, accesibilidad, presencia física, comprensión, empatía, otro enfoque de nuestra profesión, un abrazo si es menester, una sonrisa siempre…no moveré montañas, tampoco lo pretendo, seré otro granito de arena que tamice la luz de esta jungla de asfalto…

La conciencia no se pronuncia, dormita agazapada en el regazo de la mente, porque de volver a suceder, haría lo mismo, sin lugar a dudas. Y esa tranquilidad le embarga. Es hora de partir…

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4 respuestas a Adaptarse o ser, esa es la cuestión…

  1. Juana dijo:

    A veces se cambia, a veces solo queda aceptarse …… con todas las consecuencias.

  2. * dijo:

    sabes?… gracias por existir

  3. Mariquilla dijo:

    Sencillamente GENIAL!!! ,no es una utopía ,
    es real , me encanta lo que dices : humanidad ,
    comprensión , accesibilidad…

    ¿ Sería posible , ?

    En tanto que alguien crea en la idea ,
    la idea VIVE ¨´(Ortega y Gasset)

  4. saname dijo:

    Me has dejado sin palabras
    Gracias

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